lunes, 5 de enero de 2015

De Agde a Béziers, quinto día de navegación por el Canal du Midi

Una nuevo día amanece en el canal. Hoy navegaremos hasta la ciudad de Béziers a unos 25 kilómetros. A primera hora de la mañana nos despierta el ruido de diferentes embarcaciones que van parando a nuestro lado esperando la luz verde de la esclusa redonda de Agde para seguir su rumbo.
Embarcaciones que pasan a nuestro lado
Embarcaciones que pasan a nuestro lado de camino a Béziers
Nosotros nos tomamos su paso con tranquilidad. Primero desayunamos en nuestra penichette y después nos acercamos a ver el interesante mecanismo que resulta esta esclusa, única en el mundo. Construida con piedra volcánica, permite la navegación por tres cauces fluviales que convergen en ese punto, el Canal du Midi, el río Hérault y el Canalet.
Que increíble y agotadora actividad resulta el paso de las esclusas, sobre todo las del calibre de Agde. Como solo somos dos el proceso tiene que estar compenetrado al mínimo detalle. El Canal de Midi es un buen lugar para medir la temperatura de una relación de pareja o de la confianza familiar, sobre todo cuando se tienen que atravesar las dichosas esclusas ;-).
Una vez dejamos atrás la bella Perla Negra del Mediterráneo retomamos el pausado canal. Hoy tenemos ganas de hacer un recorrido más largo y disfrutar de la placidez de la navegación. Desde Agde, el canal se desliza en un romántico paisaje con mil y una fragancias mediterráneas.
Béziers
Románticas imágenes en el Midi
Nos acompañan colores tornasolados, todas las gamas del verde a través de árboles y viñedos que pueblan una buena parte de la ruta. Junto a nosotros circulan en bici un buen número de personas. Nosotros hemos desistido de las nuestras ya que en Maguelone quedaron pinchadas e inservibles.
Por el camino vamos dejando nuevas e increíbles esclusas. En la localidad de Vias nos espera otra de las grandes obras del canal, la esclusa de Le Libron. Por suerte la hemos encontrada abierta en nuestro sentido para la navegación y hemos decidido aprovechar la buena suerte y no parar ;-). ¡Que pasada de construcciones! Si eres un amante de la ingeniería, de las proezas humanas respecto a la técnica y avances, este lugar es único. ¡Y pensar que todo esto se diseño y construyó en el siglo XVII! No nos extraña que el conjunto del canal esté declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Paso por la esclusa de Le Libron. Foto cortesía de Canal du Midi
Paso por la esclusa de Le Libron. Foto cortesía de Canal du Midi
Hemos tardado unas seis horas en recorrer veinticinco kilómetros de travesía. A lo largo del camino nos han abordado cinco esclusas así como sus conllevadas paradas. Justo para la hora de comer (¡horario español claro!), llegamos al coqueto muelle de Béziers y decidimos amarrar nuestra barca.
El día anterior, en la oficina de turismo de Agde recopilamos información sobre el canal. Ahora ya conocemos las esclusas, las poblaciones y retos con los que nos encontraremos, vamos, ¡la información que no tuvimos en un principio! En Béziers se sitúa la obra por excelencia del canal, las Esclusas de Fonsérannes (una escalera de agua de 312 m de longitud que permite salvar un desnivel de 25m), ¡casi ná!, después de las cinco que hemos atravesado a lo largo de esa mañana, ya tenemos más que suficientes por un día ;-).
Parados ante una esclusa
Parados ante una esclusa esperando el paso
El pequeño muelle del Midi se encuentra retirado del casco antiguo de Béziers. Cogemos un taxi que nos acerca al centro ya que no hay transporte público y con las bicis pinchadas no podemos hacer nada :-(.
Béziers es un lugar al que tenía ganas de llegar. En el primer post introductorio sobre esta aventura del Midi, explico que la idea inicial de nuestro viaje era hacer un recorrido por la historia del catarismo (de la que soy una fan incondicional) como línea argumentaria, siendo Béziers uno de los puntos álgidos de aquel recorrido, pero la fascinación producida por el hecho de hacer una ruta pilotando nuestro propio barco ganó al viaje por el país cátaro;-).
Béziers
El río Orb rodea, junto al Midi, la interesante localidad de Béziers
Béziers enseguida te envuelve con su típico ambiente mediterráneo de ciudad estival, ataviada para las fiestas, pero sobre todo sorprende por su extremado parecido a cualquier población española ¡con plaza de toros incluida! Pero, eso si, con ese toque tan francés, ese savoir faire que solo encuentras en el país galo ;-). Calles elegantes y cargadas de historia, de una historia que se remonta a época de griegos (fundadores de la ciudad) pasando por momentos negros como el  acaecido el 22 de julio de 1209, día en que la Cruzada contra los cátaros terminó con el saqueo y el incendio de la ciudad, además de la masacre de su población en la iglesia de La Madeleine. Esta fecha se recuerda con el nombre de “Lo gran mazel” (“la gran carnicería”).
Las calles de Béziers recuerdan
Las calles de Béziers recuerdan…
¡Os puedo asegurar que esta historia consigue poner el vello de punta! En mi caso más ya que soy una incondicional de la historia cátara así como de su cultura y costumbres. Junto a la catedral de Saint Nazaire divisamos un pequeño tren turístico al que subimos tras saber que llega hasta la Esclusa de Fonsérannes. Una oportunidad para conocer la gran obra de Pierre Paul Riquet y saber a lo que nos tendremos que enfrentar al día siguiente ;-).
Colina y catedral de Saint Nazaire
Colina y catedral de Saint Nazaire
El tren da una vuelta muy interesante, a la vez que aprendes historia y curiosidades de la ciudad. Siempre he pensado que este tipo de recorridos puedes parecer una “turistada”, pero resultan ser una divertida opción a las guías de papel ;-). El trenecito se detiene en la rotonda que da acceso a la esclusa, allí deja que los pasajeros disfrutemos durante quince minutos de su visión. Nos hemos quedado con la boca abierta y nos preguntamos ¿¡cómo subiremos esa escalera!?. Ahora la esclusa está cerrada, ¡Ohhh! no podemos estudiar su mecanismo ni vemos como la atraviesan los barcos.
La escalera de agua de Béziers - Patrimonio de la Humanidad
La escalera de agua de Béziers – Patrimonio de la Humanidad
A lo largo del paseo hemos descubierto que Pierre Paul Riquet nació en Béziers en 1604 hijo de una familia de origen italiano, los Righetti, instalados en la Provenza y más tarde en Languedoc. Con la construcción del canal surgió el desarrollo del comercio entre las regiones europeas por el Sur, dando comienzo a un gran período de prosperidad para Béziers y otras ciudades de la región. El tren nos lleva más tarde por estrechas calles del casco antiguo donde sobresalen rincones pintorescos.
Calles engalanadas del casco antiguo
Calles engalanadas del casco antiguo
El tren nos deja de nuevo en Saint Nazaire y decidimos callejear sin sentido para “sentir” esta bonita ciudad. En el boulevard principal dedicado a su hijo predilecto, Riquet, hay un montón de bares, terrazas, tabernas y decidimos tomar algo. Sorprende la similitud de sus tapas: bravas, huevos estrellados, pintxos, etc… con la gastronomía española ¿dónde están los platos franceses de tanta fama?
Tapeo y más tapeo...
Tapeo y más tapeo…
Entre tapeo y tapeo se nos pasa el resto de la tarde y al caer la noche decidimos dar un paseo por la ciudad en silencio. Es algo que nos gusta mucho, son momentos de íntima conversación con el lugar, pero, hay que regresar a nuestra penichette y descansar. Un taxi nos devuelve al muelle y damos por finalizada nuestra intensa jornada en Béziers.

Guía práctica del viaje entre Carnon y Homps, el Midi en barco

A la hora de planificar un viaje siempre pensamos en destinos exóticos, en rincones de moda o en aquellos lugares que nos recomiendan desde los diferentes medios relacionados con el viajero o el turista. Pero…, pocas veces viajamos con el sentimiento o nos dejamos llevar por una corazonada. Este fue nuestro caso cuando decidimos embarcarnos en la aventura para recorrer, durante una semana, el Canal du Midi en barco atravesando la bella región francesa del Languedoc.
Recorrer el canal atrapa y seduce
Recorrer el Midi en barco atrapa y seduce
El Midi en siete días, una aventura fluvial donde conduces tu propia embarcación. Un viaje para todos los gustos y viajeros. El objetivo puede ser diferente: un viaje romántico, familiar, con amigos; un viaje cultural, gastronómico, pero al final todos acabamos con las mismas sensaciones. Recorrer el canal atrapa y seduce por igual a grandes y pequeños, a turistas y viajeros…, solo hay que dejarse llevar por el encanto de sus paisajes, de las localidades ribereñas que atraviesa o por las personas que conoces a lo largo del recorrido.
Con este artículo pretendemos hacer una guía de nuestra navegación para que sirva de ayuda a la hora de planificar un viaje por este canal, declarado patrimonio mundial por la UNESCO.
La escalera de agua de Béziers - Patrimonio de la Humanidad
La escalera de agua de Béziers – Patrimonio de la Humanidad
Guía de navegación
Una semana desde Carnon a Homps, un total de 140 kilómetros cargados de historia, obras de ingeniería y arquitectura, pero sobre todo de mucha naturaleza.
Resumen de nuestro diario de abordo:
Día 1 Carnon, el canal del Rhône y la pequeña Camarga. En la estival localidad de Carnon damos el pistoletazo de salida de nuestra aventura.
Día 2 y 3 Atravesamos la Laguna de Thau y llegamos a Marseillan. Uno de los momentos épicos de nuestro viaje, el paso a través del canal del Rhòne antes de acceder al Midi.
Día 4 Llegamos a la Perla Negra del Mediterráneo. La bella y acogedora localidad de Agde nos envuelve con su magia durante el cuarto día del recorrido.
Día 5 La historia de la cruzada cátara nos conmueve en Béziers. Un relajado paseo nos conduce hasta Béziers donde de golpe, la historia nos recuerda un brutal acontecimiento del pasado del Languedoc. Los cátaros nos dan la bienvenida.
Día 6 Las esclusas, los puentes y túneles nos recuerdan la ingeniosa obra de ingeniería que es el Canal. Entre las localidades de Béziers hasta Le Somail disfrutamos de las obras más importantes del canal.
Día 7 La pintoresca localidad de Le Somail nos atrae con su mágico “carpe diem”. El último día de navegación discurre tranquilo y relajado entre la onírica Le Somail y nuestro destino, Homps.
Una buena opción de slow travel - Turismo fluvial en el Canal du Midi
Una buena opción de slow travel – Turismo fluvial en el Canal du Midi
Datos básicos
Origen: Puerto de Carnon (llegada hasta el punto de inicio en coche, la empresa de alquiler nos incluye en el precio el traslado del coche hasta el punto de destino y la custodia en el aparcamiento de su propiedad en Homps).
Fin: Puerto fluvial de Homps (entrega de la embarcación y recogida del coche).
Pero…, ¿cuánto cuesta una ruta como esta? Es importante planificar los gastos antes de comenzar el viaje para que no se dispare el presupuesto. Es evidente que un viaje de este tipo para dos personas se dispara un poco por el alquiler, pero si decides comer siempre en el barco y hacer rutas a las localidades en bici, la semana no sale por más de 500 euros/persona.
Entre las marismas y estanques del canal del Rhône
Las bicis ahorran bastante en desplazamientos hasta las localidades ribereñas
Gastos para dos personas:
Alquiler del barco (incluye gasoil para los kilómetros a recorrer, bicicletas, traslado del coche hasta el punto de destino y custodia del mismo y equipamiento básico para el barco, además de menaje, etc). Una semana en una penichette básica para dos personas 800€.
Avituallamiento básico para dos personas: 150€
Restaurantes y tapeo: 150€
Paseo en barco, tren turístico, autobús, taxi: 50€
Extras: 50€ (guantes, antimosquitos, etc)
Esclusas: Precio incluido en el alquiler del barco. Ojo con las condiciones de contratación para saber todo lo que incluye el alquiler.
Nuestra Penichette
Nuestra Penichette, nuestro hogar durante siente días ;-)
Deseamos que esta guía os sirva de ayuda para vuestra propia aventura por el Midi en barco ;-). ¡Esperamos vuestros comentarios, dudas y preguntas en el apartado de comentarios! Y por supuesto, no olvidéis la música…, ponerle siempre banda sonora a vuestros viajes ;-).

País cátaro: castillos, paisajes y Edad Media

Al explorar la región Languedoc-Rosellón, en el sur de Francia, lo primero en lo que se piensa es en la bella población medieval de Carcasona. La ciudad medieval amurallada es un lugar encantador y que recibe muchos visitantes al año. Quien conoce bien el Languedoc-Rosellón sabe que hay lugares increíbles que merecen tanta o más atención que la jolie ville du Carcassone. Así pues, en esta entrada voy a hablar de Carcassona, pero después destacaré otros lugares de la región que todo el mundo debería contemplar al explorar el sur de Francia.
Las murallas de Carcassona se recortan en lo alto de una colina como salidas de un cuento de caballeros, dragones y princesas. Sobre todo por las torres cubiertas con tejados puntiagudos tan característicos, que recuerdan a las del castillo de Neuschwanstein o al castillo de Disney. Las dobles murallas también son impresionantes, igual que el portón de la entrada, diseñado para amedrentar a los invasores, así como las fortificaciones del castillo.
Carcasona País Cataro
Aunque en verano las calles estrechas de la ciudadela suelen estar repletas de turistas comprando helados y es difícil encontrar un hueco en un bar o restaurante, sigue valiendo la pena. Por el lado negativo, la entrada al castillo no es barata, nada menos que 9 euros, que el turista suele pagar a regañadientes por aquello de “ya que estamos aquí…”. Una vez en el castillo, se puede pasear por las almenas, recorrer la muralla norte de la villa, el torreón, la torre de vigilancia, ver las estancias y curiosear por las construcciones defensivas, como los cadalsos que se usaban para defender la base de las murallas. Además, en una sala muy espaciosa se puede ver un vídeo subtitulado en español y otros idiomas que explica de forma amena los principales hechos históricos de la ciudadela y el proceso de reconstrucción.
El punto fuerte de la historia de la ciudad medieval es la cruzada que dirigió Simon de Montfort contra los cátaros herejes protegidos por Raymond Trencavel, vizconde de Carcasona. El papa Inocencio III decretó la cruzada en el 1208 para borrar del mapa a los albigenses, que no seguían el dogma ortodoxo y preferían un cristianismo más asceta y que repudiaba todo el mundo material. La ciudad se rindió finalmente en el 1209 y la zona se anexionó así al reino de Francia.
Carcasona País Cataro
Respecto a la reconstrucción de lugares históricos como este, se trata de algo que me provoca sensaciones contradictorias. Por un lado, me decepciona cuando me entero de que un lugar está reconstruido. Pienso entonces que el lugar pierde valor por no ser original, sino una versión imaginada con más o menos rigor arqueológico. Por otro lado, me encantan las ruinas y los castillos, y me gusta imaginarme cómo debía ser la vida de estos lugares en sus tiempos de esplendor. Y quienes se encargaron de la restauración de las murallas de Carcasona debieron sentir lo mismo. Sin duda, sin la pasión por la Edad Media que sentía el arquitecto Viollet-le-Duc, el encargado de la restauración en el s. XIX, ahora esta ciudad no sería Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
De lunes a sábado hay visitas guiadas a la ciudadela y la ciudad nueva, en español, por 9 euros, a las 15.00, que empiezan en la oficina de turismo de Carcasona junto a la puerta principal de la ciudad. La visita termina frente al embarcadero del Canal du Midi. Este canal se construyó en el siglo XIX para unir el Atlántico con el mar Mediterráneo y ahora es un buen lugar que recorrer en bici por sus orillas o en barcaza tranquilamente.
Un buen día para ir a Carcasona es el 14 de julio. Además de que en julio es el mes que llueve menos, ese día se conmemora el histórico incendio de la ciudadela con un gran espectáculo nocturno de bengalas a las 22.30.
Otro buen día es el 14 y 15 de septiembre. Al coincidir con el día del patrimonio francés, la entrada es gratis a todos los castillos de la zona, lo que supone un ahorro considerable. La única pega es que en esos días, las visitas guiadas de la oficina de turismo de Carcasona solo se hacen en francés.
Carcasona País Cataro
Canal du Midi
La región de Aude tiene muchos lugares interesantes, que quizá impresionen más al visitante que la propia Carcasona. Como en la Edad Media hubo muchas guerras entre los condados de esta región y la Corona de Aragón, el territorio cátaro está repleto de castillos. Algunos restaurados en el siglo pasado y otros en ruinas, pero todos ellos merecen la pena por el paisaje que les rodea. A continuación hablaré de tres que están en la zona sur del Aude, cerca de los Pirineos, pero hay muchos más, unos once en total.
Château de Peyrepertuse
Este castillo alargado está construido en lo alto de una cordillera y se llega hasta él por un camino angosto que serpentea hasta la cima. Al visitarlo, uno se imagina las penalidades que debieron sufrir los constructores en su tiempo. Las vistas desde lo alto son excelentes y en un buen día pueden verse águilas sobrevolando el lugar o gente practicando parapente. El sendero cátaro pasa por el pueblo en la falda de la montaña. Para los aficionados al senderismo, le Sentier Cathare recorre 200 km entre Foix y Port-la-Nouvelle, en el Mediterráneo, con tramos para ir a caballo o en bicicleta.
Château de Peyrepertuse
Château de Peyrepertuse foto de Callejeando por el planeta
Château de Quéribus
Fue el último bastión cátaro en ser conquistado por la cruzada, en 1255. Y no es de extrañar, porque es un nido de águilas encaramado en el mismo pico de la montaña, al otro lado del valle, frente al castillo de Peyrepertuse. Las vistas de 360 grados que ofrece del paisaje de los alrededores son fantásticas. Parece un vigía de piedra solitario desafiando al vértigo y al viento, y es muy fotogénico, sobre todo al atardecer. Eso sí, la entrada vale 5,5 euros debido a los trabajos de restauración que le devolvieron su austera belleza.
Château de Quéribus
Château de Quéribus foto de Callejeando por el planeta
Château de Puilaurens
Este castillo también requiere de buenas piernas para subir las escaleras que suben en zigzag por la roca hasta sus murallas. Las vistas de la Vall de la Santa Creu y del Canigó que ofrecen sus murallas son inigualables. Pero cuidado, porque la leyenda de la Dama Blanca puede dejar a más de uno intranquilo en las noches de luna…
Otros castillos de la zona son el de Termes y el de Aguilar. Y quien haya leído el famoso Código da Vinci de Dan Brown puede que le interese visitar el pueblo de Rennes-le-Château.
Finalmente, si os apetece cambiar de paisaje, la zona del Parque natural de Narbona, en la costa, es otro lugar digno de visitar.
El Languedoc-Rosellón es, en definitiva, un lugar muy variado que se presta a viajes muy distintos, tanto si es para hacer senderismo, bici de montaña, mar o visitar castillos y aprender sobre historia. Es fácil que guste a cualquier viajero.

Un día perfecto en Burdeos

La capital de la región de Aquitania, patrimonio de la UNESCO, está situada en el suroeste del país, en un meandro del Garona, muy cerca de la desembocadura de este río en el Atlántico. El puerto fluvial de la ciudad, llamado el puerto de la luna por su forma curva, ha sido clave para el desarrollo de la urbe desde tiempos antiguos. Y hoy en día, el magnífico paseo junto al río, creado hace pocos años por el paisajista Michel Corajoud, es una zona que invita a pasear y, a la vez, un paisaje que sorprende y encandila al visitante primerizo cuando llega en coche. Sobre todo de noche, como nos ocurrió a nosotros.
Llegamos la noche anterior después de seis horas de conducir desde Barcelona. El viaje no llegó a hacerse pesado porque hacía un día de primavera muy soleado y los campos salpicados de rojo y amarillo animaban a seguir adelante. Además, las áreas de servicio en las autopistas francesas son muy numerosas y están muy bien cuidadas. Aunque habíamos estado en la zona del Perigord Noir, desconocíamos Burdeos por completo, de modo que la bienvenida que nos dio la Place de la Bourse, elegantemente iluminada, nos dejó claro que íbamos a pasarlo en grande.
Centro histórico de Burdeos
Centro histórico de Burdeos
Nos alojamos en el hotel De la Presse, situado en pleno centro, en la calle peatonal Porte Dijeaux. Nos pareció un alojamiento muy cómodo, moderno y práctico. Después de dormir y desayunar, salimos a la calle para encontrarnos con Veronique, nuestra guía ese día.
Veronique era una señora muy dicharachera que hablaba muy bien en español, por mucho que nos advirtiera que le costaba mucho diferenciar los verbos ser y estar. Gracias a ella, durante cuatro horas aprendimos unas nociones básicas de la historia de la ciudad, nos enseñó las especialidades de la región y nos recomendó buenos restaurantes y lugares encantadores para pasear.
Hotel de la Presse Burdeos
El moderno y céntrico hotel donde nos alojamos
Y es que Burdeos es una ciudad perfecta para pasear y pasear. Nos internamos por las callejuelas empedradas del casco antiguo y empezamos a alucinar con las típicas casas francesas del s. XVIII, de piedra calcárea, con sus balcones estrechos y barandillas de hierro forjado, y sus tejados de pizarra gris. La gran mayoría de estas calles son peatonales y todo el barrio se restauró entre los años setenta y ochenta. Según nos explicó Veronique, a finales de los noventa apenas había tiendas en ese barrio, solo restaurantes, oficinas y garajes. Pero a partir del 2005 comenzó a venir más gente a la ciudad y empezaron a abrirse tiendas de decoración, de antigüedades y bares. Hoy en día es un barrio muy moderno repleto de tiendas y locales interesantes, donde se respira un ambiente muy acogedor.
Carrusel Burdeos
Al parecer, Burdeos ha mejorado muchísimo en los últimos años. Antes, las casas del barrio antiguo estaban negras por el hollín de las chimeneas y por el humo del tráfico. Hoy en día, con las calles exclusivamente para peatones y la restauración de las fachadas, Burdeos luce de veras. Además, la capital de Aquitania es una ciudad que no ha parado de crecer desde que se derribaron las murallas medievales. Primero fue el comercio del vino, que floreció cuando Leonor de Aquitania se casó con Enrique II de Inglaterra. Con el control de los ingleses, se empezaron a exportar barricas de vino, sobre todo el «French Claret» o clarete francés y los viñedos de los alrededores empezaron a extenderse para responder a la demanda. Fue gracias a este vino que se estableció la fama de Burdeos como región viticultora. Más tarde, en el s. XVIII el comercio de Burdeos con las Antillas, sumado al comercio con el vino y el ya famoso clarete supusieron un nuevo impulso para la ciudad, que derribó las viviendas medievales cochambrosas para edificar las elegantes casas tan típicamente francesas que pueden verse en la actualidad.
Bar des Vedettes Burdeos
Bares con mucho encanto donde sentarte a tomar un café tranquilamente
De hecho, desde 2007 Burdeos es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, en concreto el espacio protegido de 150 hectáreas del casco viejo y 1810 hectáreas que comprenden tanto edificios antiguos como de arquitectura moderna. En esto contribuyó seguramente la rehabilitación que inició en 1996 el alcalde Alain Juppé, y que terminó hace pocos años con el nuevo paseo del río, la total restauración de las fachadas y la instalación de transporte público no contaminante como autobuses con gas o el moderno tranvía.
Porte Cailhau Burdeos
La porte de Cailhau, antigua entrada de la muralla
La ciudad sigue creciendo, ya que se están creando nuevos barrios a medida que el puerto de mercancías se desplaza más hacia la desembocadura y se aleja de la ciudad. Por ejemplo, en pocos años se habrá creado un barrio nuevo en la zona de Bassins à Flot. Y dentro de dos años se construirá el Cité du Vin, un nuevo museo del vino que promete ser «un nuevo Guggenheim». Por otro lado, la zona de La Bastide, en la orilla opuesta del río, se está renovando con arquitectura moderna. De hecho, ya hay una visita guiada centrada en arquitectura contemporánea que recorre los edificios más destacados y vanguardistas.
Poissonnerie Rue Notre Dame Burdeos
Una pescadería muy molona en la Rue Notre Dame
Todo esto nos lo fue contando Veronique mientras nosotros hacíamos fotos y mirábamos embobados en todas direcciones. Para empezar, nuestra guía también nos mostró las mejores especialidades de comida, como el canelé, un bizcochito con forma de flan recubierto de caramelo crujiente. O el aperitivo bordelés más típico: el Lillet.
Aperitivo Lillet Burdeos
El Lillet es el aperitivo típico de Burdeos
En el paseo por el casco viejo, cruzamos la larguísima calle rue Sainte Catherine, el viejo Decumanus de la ciudad romana, y pasamos por la Place du Parlement, una plaza muy bonita con una arquitectura muy homogénea. Por allí nos recomendó el bar La Comtesse, que marca su estilo modernillo con una entrada muy original decorada a base de regaderas y muñecos. Esto se ha convertido en una tendencia entre los bares de la zona, como el bar Michel’s, con una clientela básicamente de autóctonos, que ahora cambia la decoración cada seis meses. Un buen restaurante para comer marisco fresco es el Le Petit Commerce, que incluye una especie de pescadería.
Caneles Baillaran Burdeos
Y el canelé el dulce típico
Después de pasar por la place de Saint Pierre y su iglesia, llegamos a otra plaza, la place Camille Julian, repleta de terrazas, y donde se halla el Utopia, el único cine que conozco construido dentro de una antigua iglesia. En el bar de este cine se sirve la cerveza Mascaret, que se llama así por las grandes olas que se producen en el equinoccio. Luego bajamos por la calle Pas-Saint-Georges y Veronique nos llevó a ver la panadería de un amigo suyo. Ya antes de entrar en La Fabrique, aunque no hay rótulo que indique este nombre, el olor a buen pan y cruasanes te inunda las fosas nasales. Esta es una panadería de las que ya no quedan, donde se hace pan de verdad, pan que dura hasta cuatro días sin endurecerse. El propietario le comentó a la guía que tiene pensado envolver los bocadillos con mapas de la zona que incluyan detalles interesantes que visitar en la ciudad y nos pareció una idea muy buena. Saliendo de la panadería, Veronique se encontró con otro conocido en la cola de clientes: el propietario del restaurante Le Rubon, que está algo más alejado. Siguiendo por la misma calle, y casi en frente de la panadería, hay una tienda de quesos franceses que es una auténtica tentación, la Fromagerie Deruelle.
Utopia Cinema Burdeos
Utopia, un cine y restaurante en una antigua iglesia
Cuando llegamos a la plaza Lafargue, Veronique nos contó que el torreón medieval que veíamos al final de la calle era la Grosse Gloche, la gran campana, un campanario público edificado en el s. XV. Entonces dimos media vuelta y volvimos a subir por la rue des Bahutiers, para ver una casa que destaca entre el resto por su tejado a dos aguas y porque es de las pocas que se conservan de antes del s. XVIII, concretamente es de finales del XVI, aunque lógicamente está restaurada. Después torcimos a la derecha y entramos en la place du Palais. En esta plaza el sol ya brillaba y me encantó el lugar por la solemne puerta medieval que da al río, la Porte Cailhau. Como la Grosse Gloche y las murallas de Carcasona, esta puerta tiene los típicos torreones terminados en tejados puntiagudos y se asienta sobre los restos de la muralla del s. XIV. Como esta puerta defendía la ciudad frente al río, delante suyo se alzaba antaño la fortaleza que da nombre a la plaza, el Palais de l’Ombrière, donde nació la famosa Leonor de Aquitania.
Place Marché Chartrons Burdeos
Place du marché des Chartrons un buen lugar para comer
Pasamos por la puerta medieval y nos topamos de frente con el río Garona. Subimos por el soleado paseo del río y nuestra guía nos recomendó un bar muy señorial que hay allí, el Grand Bar Castan, que tiene una decoración muy original y rocosa en el interior.
Finalmente, siguiendo el río llegamos a la Place de la Bourse, una plaza monumental que siglos atrás fue la plaza real. Con su construcción, Burdeos se abrió al río, ya que hasta entonces la ciudad había vivido de espaldas a él, para protegerse de posibles ataques. Hoy en día los edificios que conforman la plaza albergan las oficinas de la Cámara de Comercio, de las aduanas, un restaurante con tres ambientes y un museo gratis muy interesante: el CIAP o Centro de Interpretación de la Arquitectura y el Patrimonio. Se trata de una pequeña exposición donde se puede aprender de forma amena y visual la historia de la evolución de Burdeos (incluye textos en español).
Profiteroles Le Carré Burdeos
Atacando los profiteroles :)
Esta magnífica plaza frente al río se complementa muy bien con unas fuentes que hay en el paseo, el Miroir d’Eau (Espejo de agua) frente a la plaza. Estas fuentes despiden vapor de agua que atrae a los turistas y luego el agua forma una superficie espejada en el que se reflejan los edificios de la plaza y hasta el campanario de la iglesia que se ve más abajo, lo que da pie a que los expertos en fotografía puedan sacar todo el partido posible al lugar.
Después volvimos a internarnos en la ciudad para ir directamente al centro neurálgico, en la Place de la Comédie. Allí se alza el imponente Grand Théatre de estilo neoclásico. El interior de este teatro de 1780 está hecho totalmente de madera, lo que le proporciona una acústica muy buena. En julio y agosto se organizan visitas por solo 3 o 4 euros que según Veronique valen mucho la pena.
Catedral St Andres Burdeos
Catedral de San Andrés
Luego pasamos un momento por la oficina de información turística, que estaba llena de gente, y nuestra guía aprovechó para recomendarnos algunas tiendas de vino que hay en los alrededores, como la Max Bordeaux, La Vinothèque du Bordeaux o el Bar a Vin en frente de la oficina de turismo, un lugar exclusivo para degustar vinos.
Vinotheque Burdeos
Amplia gama de vinos de Burdeos en la Vinothèque de Bordeaux
Más tarde seguimos hasta llegar a la Place des Quinconces, donde se alza una columna enorme rodeada de estatuas, la Fontaine des Girondins. Allí nos subimos al tranvía de la línea B (la roja) para ir hasta el barrio del vino, junto a las antiguas dársenas Bassins à Flots. Durante el trayecto, Veronique nos contó que los antiguos almacenes de vino junto al río quedaron abandonados en los años 30 cuando el puerto se trasladó más al norte. A partir de los 70, se revalorizó la zona y actualmente hay restaurantes, tiendas outlet y tiendas de vino.
Shopping Burdeos Petit Souk
Me hubiera quedado a vivir aquí…
Al bajarnos del tranvía, pudimos contemplar el puente que se inauguró en el 2013. El puente Jacques Chaban-Delmas (nombre del  antiguo alcalde de Burdeos) es un puente muy moderno que puede elevarse para dejar pasar embarcaciones altas, pero es especial porque se eleva de una sola pieza en lugar de partirse en dos mitades como es habitual. Luego subimos de nuevo al tranvía y volvimos por la misma línea hasta la estación del barrio de Chartrons. Por el camino, la guía nos recomendó el Bistrot du Fromager, situado en el paseo fluvial.
Bistro Michels Burdeos
El barrio des Chartrons es un lugar alejado del centro turístico con mucho encanto. Es especialmente recomendable pasear por la rue Notre Dame. Al principio está el museo del vino, llamado Musée du Vin et du Negoce, donde se puede aprender mucho sobre la influencia del vino en la historia de Burdeos. Esta calle tiene tiendas de antigüedades y de decoración exquisitas, además de bares cosmopolitas. Un buen lugar donde comer, muy auténtico, es la plaza del mercado (Place du Marché des Chartrons), repleta de restaurantes de todo tipo con terrazas. Veronique se despidió de nosotros en este punto, porque por la tarde tenía una visita guiada a los viñedos de los alrededores de la ciudad. Por cierto que esta visita es interesante porque permite probar vinos de dos denominaciones de origen diferentes.
Burdeos Place du Parlement
Place du Parlement
Pero volviendo al tema, nos quedamos a comer en la plaza del mercado, en el restaurante Le Carré, donde nos pedimos el menú du jour y nos quedamos la mar de contentos. De postre nos trajeron dos profiteroles. Solo eran dos, pero de tamaño gigante. Con la barriga muy llena, seguimos deambulando por la rue Notre Dame, ahora ya sin guía y a nuestro aire, haciendo fotos por todos lados. Entonces llegamos al Jardin Public, unos jardines preciosos y muy bien cuidados que incluyen un museo botánico y un museo de historia natural.
Jardin Botanico Burdeos
Jardín Botánico de Burdeos
Seguimos callejeando en dirección al centro y, al llegar, entramos en una de las vinotecas que nos habían recomendado, la Vinoteque du Bordeaux, para comprar un poco de vino típico de la zona. Según Veronique, uno muy tradicional es el bordeaux-clairet, de sabor afrutado y color muy rojo. Uno de los dependientes hablaba español y nos ayudó un poco a elegir. El resto de la tarde lo pasamos recorriendo algunos lugares que habíamos recorrido durante la visita guiada y otros que Veronique nos había comentado. Fuimos a ver la catedral de Saint André, con sus enormes contrafuertes restaurados y el campanario o torre Pey-Berland, con la estatua dorada de Notre-Dame de Aquitania en lo alto.
Catedral-St-Andres-Burdeos
Contrafuertes de la catedral
También nos zampamos un canelé en la pastelería Canelés Baillardran Café de la Rue de la Porte Dijeaux. Uno pequeño nos costó 2,50€. Dimos una vuelta por la zona del Marché des Grandes Hommes y alucinamos con las tiendas de altos vuelos que se ven allí.
Shopping Burdeos La Feliz
Aquí también me instalaría una temporada a vivir…
Y cuando ya nos dolían las piernas de tanto caminar y teníamos la mirada cansada de ver tantos rincones preciosos de la ciudad, recorrimos la calle des Remparts y casi nos volvimos locos. Todo allí eran tiendas muy monas. En un momento dado, uno de nosotros le dijo al otro: «Mira eso de allí, qué bonito», a lo que el otro respondió: «todo», porque era verdad, no había lugar que no nos pareciera bonito. Quizás solo estábamos cansados o nos dio un poco el síndrome de Stendhal, pero estaba claro que Burdeos nos había gustado hasta no poder más.
Creperie Fromentine Burdeos
Para terminar el día, fuimos a cenar temprano en una crepería bretona del barrio viejo, donde nos zampamos unas galettes sarracenas de campeonato en la creperie La Fromentine. A la propietaria deben gustarle mucho las vacas, porque toda la decoración consiste en fotos y figuras de vacas en diversas posiciones y disfraces.
Galette bretona Burdeos
Galettes bretonas en Burdeos
Esperamos que esta pequeña vuelta por Burdeos os haya gustado y os anime a visitar esta ciudad francesa. Nosotros fuimos sin ninguna expectativa y nos sorprendió muy positivamente. Con este artículo hemos intentado reflejar que quedamos totalmente encantados. Si queréis más información sobre Burdeos y que excursiones hacer por la zona no os perdáis la guía de la escapada de tres días a Burdeos (que publicaremos en breve).
Burdeos Noche
Paseíto nocturno para bajar la cena
Datos de interés:
1. Hotel de la Presse. Habitación doble con desayuno: 75€
2. Billete tranvía individual: 1,40€, bono de 10 viajes: 11,30€. Los billetes para el tranvía se pueden comprar en las paradas.
3. Restaurante Le Carré. Menú del día: plato + postre: 15€, entrante + plato + postre: 19€, bebidas a parte (agua gratuita).
4. Canelé de Burdeos: 2,5€
5. Crepería La Fromentine: menú (ensalada + galette + crep dulce): 12€, sidra: 5€
Gran Teatro de Burdeos
Gran Teatro de Burdeos y la escultura de Jaume Plensa
Para más información de cómo contratar una visita guiada en Burdeos y excursiones a los pueblos cercanos podéis visitar la web de la oficina de turismo de Burdeos y de Turismo de Aquitania.
Burdeos Mirror Eau

Excursión a la bahía de Arcachon: dunas, océano y ostras

Muy cerca de Burdeos, a tan solo una hora en coche, se llega a un pueblo de la costa atlántica famoso por las playas, las ostras y por ser destino de descanso para las gentes adineradas desde mitad del s. XIX: Arcachon. Este pueblo está en la punta de un cabo que se adentra en la bahía del mismo nombre. Un largo brazo de tierra protege la bahía del océano Atlántico y crea un entorno apacible perfecto para todo tipo de actividades. También es perfecta para hacer una excursión de un día desde Burdeos.
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Casas con solera en Arcachon
Empezamos a descubrir Arcachon desde la oficina de turismo del pueblo, situada junto a la estación de tren. Hacía un día soleado y apetecía mucho salir de excursión después de haber paseado largo y tendido por las calles de Burdeos.
Arcachon sorprende nada más llegar por las grandes y coloridas casas de veraneo antiguas que se ven en las calles principales, de un estilo propio muy especial. Y es que este pueblo lo desarrollaron sobre todo los burgueses de la capital de Aquitania a partir de finales del s. XIX y durante la Belle Époque. Sin embargo, el pueblo empezó a cambiar mucho antes, en 1823, cuando François Legallais creó los primeros balnearios para que clientes acaudalados pudieran dejarse curar con las innovadoras talasoterapia y climatoterapia. Fue así como las celebridades empezaron a construirse chalets y mansiones en este lugar, atraídos por los beneficios para la salud. El rey Alfonso XII, por ejemplo, residió en una casa de la parte de la Ville d’Hiver en Arcachon.
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Allée Marie Chirstine en la ciudad de Invierno
La Ville d’Hiver es el barrio de invierno, situado tierra adentro. Los hermanos Pereire lo planificaron en 1852 después de haber extendido la vía de ferrocarril para que la gente pudiera ir a Arcachon a respirar la brisa del océano y el olor de los pinares. En Arcachon hay barrios para todas las estaciones, de modo que al oeste encontramos la Ville d’Automne, frente a las playas de la costa norte se extiende la Ville d’Eté y, más al este, la Ville de Printemps. Estas zonas indican el momento del año en el que los propietarios de las grandes casas pasaban el tiempo en la villa. Hoy, las casas más caras siguen en el centro histórico del pueblo y pueden llegar a valer más de un millón de euros.
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Ciudad de Invierno de Arcachon desde lo alto.
Fuimos paseando por el puerto deportivo, repleto de barquitos y yates. Al parecer, una encuesta a los propietarios reveló hace poco que la mayoría de embarcaciones solo se usan seis días al año, así que puede que solo sirvan para aparentar. Por otro lado, navegar por la bahía no es sencillo, ya que cuando baja la marea, solo es posible navegar por los canales de agua más profundos y, cuando la marea es alta, hay que saber por dónde ir para no quedar embarrancado en la arena. Aun así, para conseguir un plaza en el puerto para guardar el barco hay una lista de espera de seis años.
Puerto deportivo de Arcachon
Puerto deportivo de Arcachon
Después fuimos en coche hasta uno de los grandes atractivos de la zona: la duna de Pilat. Esta duna de arena blanca, más propia del desierto del Sáhara, se alza unos 110 metros en la costa este, a solo 10 minutos al sur del pueblo (también se puede ir en bicicleta por el carril bici que hay habilitado). Está situada justo ante el océano, rodeada de un bosque frondoso de pinos, por lo que no la ves hasta que estás muy cerca. Y cuando por fin la ves, alucinas. Y cuando llegas a sus pies y miras hacia arriba alucinas de nuevo. Y cuando subes a la cima y contemplas el paisaje de los alrededores vuelves a alucinar.
Duna-du-Pilat-Arcachon
En abril de 2014 la duna medía 113 metros de altura.
El aparcamiento cercano a la duna es gratis durante 30 minutos y luego vale 4€ por 4 horas. Es recomendable pagar, porque, aunque solo se tardan unos siete minutos desde el aparcamiento hasta la duna, una vez allí se alucina tanto que la visita requiere más tiempo, por lo menos una hora para disfrutarla como es debido. Entre abril y octubre hay una escalera apoyada en la duna que permite subir la pendiente sin esforzarse. Una vez arriba, se ve cómo la duna tiene una forma alargada que va de norte a sur.
Duna-du-Pilat-Arcachon
Bosques de pinares rodean la duna
De hecho, el extremo sur sigue extendiéndose varios metros todos los años. En verano, mucha gente se sienta en la duna para ver sumergirse el sol en el horizonte. Y La Teste de Buch, el municipio al que pertenece la duna, también ofrece otras muchas actividades, como practicar surf o ir en bici por toda la costa o el bosque. Desde lo alto también se puede disfrutar de una vista espectacular de la bahía y, sobre todo, de los bancales de arena que dan al océano. Según nos contaron, en verano hay gente que va con su barquito a pasar el día en estos bancales o a hacer picnics a base de ostras. De lujito, ¿no?
Vistas Duna du Pilat, Arcachon
Después volvimos a Arcachon y visitamos la zona alrededor del Belvédère, en la Ville d’Hiver. Aquí hay unas trescientas fincas de estilo novecentista y es un lugar protegido, de modo que cualquier nueva construcción debe respetar la arquitectura del lugar. Además, el consistorio obliga a los propietarios a podar los setos de modo que los transeúntes puedan ver bien las casas, porque son un patrimonio importante y son dignas de verse. Las calles del barrio se diseñaron con muchas curvas expresamente para impedir que el viento invernal del océano pudiera soplar muy fuerte allí.
Puente-Belvedere-Arcachon
Una de las mansiones más bonitas es la «Alexandre Dumas» que fue residencia del banquero Daniel Iffla. En realidad, casi cada casa tiene una historia. Por ejemplo, pasamos por delante de la finca «Faust» donde residió Gustave Eiffel, el arquitecto de la torre más famosa de París. El mismo Eiffel fue quien diseñó el Belvédère, un observatorio para bomberos en lo alto de la colina. Actualmente aún se puede subir hasta arriba del todo y ver Arcachon y la costa desde lo alto. Y eso hicimos, faltaría más. Me pareció estar en una especie de antiguo «Beverly Hills francés».
Belvedere Eiffel, Arcachon
Belvédère, en la Ville d’Hiver
Más tarde fuimos al centro, más veraniego, moderno y lleno de tiendas, en la Ville d’Eté. Dejamos el coche en un aparcamiento gratuito que hay detrás de la estación de tren. Compramos unas ensaladas y sándwiches para llevar y nos dirigimos a hacer una «excursión dentro de la excursión».
Navette Arcachon Cap Ferret
Navette hacia Cap Ferret
La excursión consistió en ir al muelle Thiers frente a la playa, donde adquirimos unos billetes y nos subimos al barco que cruza la bahía. Fuimos hasta la villa de Cap Ferret, en el brazo de tierra de 25 km de largo que cierra la bahía al océano. Una vez allí, alquilamos unas bicicletas y fuimos pedaleando tranquilamente hasta llegar a la punta del cabo, donde se une la bahía con el Atlántico. Vimos muchas cabañas donde comer ostras, además de tiendas de helados y crepes.
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Ostras en Cap Ferret
El paseo de la bahía es muy bonito. Al mediodía, la marea había retirado el agua y todos los barcos del puerto estaban el fondo con la quilla. Hacía un sol de justicia, pero como soplaba una brisa muy fresca, Xavier no notó que el cogote se le ponía de color gamba hasta que fue demasiado tarde. Luego paseamos un poco por el paseo y nos comimos un helado.
Bicicleta playa Cap Ferret Arcachon
Con la bici preparados para explorar Cap Ferret.
Hacia las seis volvimos a Arcachon con el barco, pero no podíamos marcharnos sin probar la comida oficial de Arcachon: las ostras. Solo en esta bahía hay tres denominaciones de origen diferentes. En la bahía suelen tardar cuatro años en llegar al tamaño adulto, pero en los bancales de arena, al estar más cerca del océano, se desarrollan el doble de rápido. Las ostras suelen comerse en una especie de cabaña o chiringuito típico junto al agua, acompañadas con pan, mantequilla y una copa de vino blanco. Una bandejita de seis ostras frescas sale por 9€, o menos de la mitad si las compras en el mercado del pueblo.
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Port de Larros en Gujan Mestras
Fuimos a la ostrería Le Routioutiou situada en el cercano pueblo Gujan-Mestras  que nos habían recomendado y nos gustó porque no había ni un turista, solo gente autóctona. La ostrería Le Routioutiou está algo apartada, pero el entorno es muy bonito.
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Duna de Pilat desde Cap Ferret
Volvimos agotados a Burdeos, pero la excursión había valido la pena. Arcachon es un buen lugar adonde ir un día o una semana y tiene atractivos para todo el mundo. Y, a pesar de las quemaduras, la brisa marina nos había sentado de maravilla. A la mañana siguiente íbamos a hacer otra excursión, pero esta vez hacia el interior: se trataba de visitar el famoso pueblo vinícola de Saint Emilion.
Le Routioutiou, Arcachon
Le Routioutiou, un lugar perfecto para degustar ostras.
Datos de interés:
1.
Cómo llegar desde Burdeos (unos 50 minutos): En coche: ir en dirección «Bayonne» y tomar la salida 15. En tren: Hay trenes cada hora y el billete cuesta 11,20€ por trayecto.
2. No hay que pagar entrada para visitar la Duna de Pilat, pero es recomendable ir por la mañana para evitar mareas humanas. Para más información sobre la duna de Pilat consultar su web.
3. Billete de ida y vuelta en barco a Cap Ferret: 13€. Consultar bien los horarios del barco antes de ir, ya que el último sale de Cap Ferret a las 18h. Los podéis consultar en su web.
4. Alquiler de bicicleta en Cap Ferret: LocaBeach (justo al final del muelle): 4h: 7€, 1 día: 10€. En temporada alta es recomendable reservar. También hay otro local de alquiler en el paseo de la playa.
5. Comer en Arcachon. Nos recomendaron el Chez Diego y el Chez Pierre en la playa, el menú costaba unos 30€ por persona (sin bebidas). Nosotros no los probamos por falta de tiempo.
6. Cabaña Le RoutioutiouBandejita de 6 ostras con pan, mantequilla y copa de vino: 9€. Muy recomendable.
7. Cena en el restaurante japonés FuFu Ramen (37 Rue Saint-Rémi) de Burdeos: Ramen: 8,5€; 3 gyoza: 3,50€.
Podéis encontrar más información en la web de la oficina de turismo de Arcachon, la web de la oficina de turismo de Lège-Cap Ferret y la página de Turismo de Aquitania.

Visita a Saint-Émilion: mucho más que vino



En una visita a Burdeos es muy recomendable hacer una excursión al bonito pueblo de Saint-Émilion, a solo unos 45 minutos en coche. Mucha gente conoce este pueblo por ser el centro de la denominación de origen Saint-Émilion Grand Cru y Saint-Émilion AOC. Sin embargo, además es un pueblo medieval muy bonito y con muchos atractivos históricos que te dejan alucinado. Por eso forma parte del patrimonio mundial de la UNESCO. Es decir, Saint-Émilion tiene mucho más aparte de viñedos y seguro que cuando lleguéis al final de la crónica siguiente estaréis de acuerdo conmigo.

Destinos para navegar en Francia

Otra manera de descubrir Francia es a través de sus canales y ríos.

El turismo fluvial permite viajar a otro ritmo disfrutando de tiempo suficiente para admirar los paisajes y degustar una Francia que se desvela de forma progresiva desde sus verdes riveras.
Cada región de Francia por la que navegar ofrece diferentes atractivos, bellos paisajes y lugares históricos, excelente gastronomía...

Destinos de navegación en Francia

  • Alsacia-Lorena: llenas de frondosos bosques y extensas marismas. Entre sus atractivos: El parque natural del Delta de la Sauer, una de las 21 reservas de la zona; Estrasburgo, ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; El lago de Gondrexange;  el castillo de Saarbrücken o el castillo de los Rohan en Saverne.
  • Aquitania: famosa por sus magníficos vinos y su cocina gourmet, es uno de los mejores lugares para disfrutar de la gastronomía mientras se viaja en barco. La región cuenta además con muchos lugares de interés histórico como; el castillo de Hamel en Castets-en-Dorthe o el castillo de Enrique IV en Nérac.
  • Borgoña: región conocida por su vino y su gastronomía, podrás navegar por el río Saône y su red de canales. Entre sus atractivos: los viñedos de la Côte de Beaune; Chalon-sur-Saône; el castillo de Mantoche o la localidad de Auxonne entre otros.
  • Bretaña: conocida como la región de los mil castillos. Destacar el castillo de Josselin y el de Hac, en Le Quiou. Entre sus atractivos: Nantes o la ciudad costera de Roche Bernanrd.
  • Camarga: esta región ofrece grandes lagunas de agua salada, playas de arena dorada y llanuras llenas de juncos y flamencos. Entre sus atractivos: los puertos amurallados como el de Aigues-Mortes; Playas de Palavas-les-Flots o el lago Etang de Thau
  • Canal du Midi: la estrella del turismo fluvial, construido a finales del siglo XVII y declarado en 1996 patrimonio mundial por la Unesco. Un estupendo viaje entre viñedos y las ciudades cátaras. Entre sus atractivos; la ciudad de Carcasoa y los museos de Castelnaudary, Béziers, Narbona o Toulouse.
  • Charente: es conocido como el río más bonito de Francia. Río de aguas cristalinas que conserva su belleza centenaria entre pinos, viñedos y praderas. Aquí podrás visitar preciosos castillos y destilerías de coñac.
  • Nivernais: El canal de Nivernais y el río Yonne conforman una vía de agua que transcurre entre magníficos valles, famosos por la producción de grandes vinos blancos. Algunos atractivos de esta zona: la ciudad de Auxerre; los viñedos de Chablis; la catedral de San Esteban, en Sens o la ruta ciclista "Voie Verte" que recorre 180 kilómetros a lo largo del Canal du Nivernais.
  • Río Lot: el encanto de Cahors, el hermoso pueblo de St-Cirq-Lapopie (uno de los más bellos pueblos de Francia), el castillo de Cénevières-sur-Larnagol...  son algunos de los atractivos del Lot.
  • Valle del Loira: una experiencia única para conocer el impresionante patrimonio de los castillos del Loira, jardines, pueblos medievales...